
Ya hace más de un mes que es otoño, pero hasta hace pocos días no me lo parecía. Hoy me he dado cuenta de que el paisaje tiene una paleta de colores que se mueves entre amarillos, marronosos y rojizos; que las calles están cubiertas de hojas; que todo huele a castañas y boniatos; que los días son más cortos (y las noches más largas); que vas todo el día con la chaqueta, que te la pones y te la quitas, te la quitas y te la pones...
Quizá no he tenido esa sensación hasta este fin de semana, cuando hemos hecho uno de los dos cambios de hora. Esta vez ha tocado el mejor: ganamos una hora de sueño, aunque yo me quedo igual de atontada que cuando pierdo una hora. Dicen que con esta medida ahorramos mucha electricidad, con lo cual ahorramos energía y eurillos. Todo sea por el medio ambiente, por nuestro planeta.


